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Alimentación 2016-12-15T12:09:35+00:00

ALIMENTACIÓN

Dicen que somos lo que comemos. Como seguro que quieres que tu peque sea fuerte y sano, aquí trataremos de responder posibles dudas que puedes tener acerca de su nutrición.

A partir de los 3 y hasta los 7 años, los niños ganan unos 2 Kg de peso y crecen unos 6-8 cm cada año. Como podemos observar, se produce una ralentización del crecimiento, por lo que las necesidades nutricionales son menores, aunque hay que tener en cuenta la intensa actividad física que, en condiciones ideales, deben realizar.

Es importante que haya un equilibrio en el aporte de los principios inmediatos: hidratos de carbono, proteínas y grasas. Es necesario evitar un exceso de proteínas en forma de carne, ya que es suficiente un único aporte diario de 50-100 gramos en forma de carne o pescado, así como el de grasas saturadas, evitando productos de bollería industrial, que también son muy ricos en azúcares.

Se administrará una dieta rica en carbohidratos: pan, pastas, arroz, legumbres. No se aconseja comer más de 3 huevos a la semana. Se tomará verdura todos los días, así como 2-3 piezas de fruta diarias.

En cuanto a leche y derivados, se aconseja unos 500 cc al día. Habrá que limitar la utilización de sal en la condimentación, para acostumbrar al niño desde pequeño a comer con muy poco sodio, lo que evitará la hipertensión arterial en el adulto.

Como bebida se dará sólo agua, evitando los refrescos y bebidas de cola, ricos en azúcares, conservantes y saborizantes que no dejan de ser productos químicos.

Es frecuente que el niño se resista a los nuevos sabores, por lo que no hay que preocuparse si cuando se introducen nuevos alimentos notamos un rechazo por su parte. Lo mejor es incorporarlos paulatina y lentamente en forma de puré para que se vaya produciendo la tolerancia. Entre un nuevo alimento y otro se debe dejar pasar al menos 2 semanas.
Hay multitud de causas que pueden provocar vómitos en los niños y van a variar según la edad. En cualquier caso, si el vómito se acompaña de fiebre, de afectación del estado general, de detección de anomalías en el crecimiento y desarrollo o de cualquier otro trastorno orgánico, debes consultar con tu Pediatra.

Otras veces se trata de vómitos funcionales, sin causa orgánica, que son muy frecuentes en niños a los que se fuerza a comer, comen muy rápido o ingieren alimentos de gran tamaño, etc. Hemos insistido en que el momento de la comida tiene que ser agradable, placentero, sin ruidos, sin riñas ni crispación. Cuando este clima se consigue de forma constante es muy raro que aparezcan vómitos funcionales.

En nuestro medio, un niño que toma una alimentación variada no requiere en general un aporte externo de vitaminas. Éstas tienen gran predicamento entre los padres, ya que se considera que su aporte mejora el apetito de los niños. Salvo que lo aconseje tu pediatra, no es necesario un aporte exógeno vitamínico a esta edad.
Cuando un niño odia la hora de comer, debemos preguntarnos: ¿por qué lo hace? La mayor parte de las veces nosotros tenemos la culpa, ya que convertimos la hora de comer en un suplicio, en un auténtico mal rato, en el que los padres, nerviosos, alimentan al niño forzándole a comer, obligándole a abrir la boca. Esto hace que el niño asocie la comida a un pequeño martirio al que se resiste, con razón, ya que le provoca arcadas, vómitos, llanto, rechazo por la toma, etc., creando un círculo vicioso, que sólo se puede romper con calma, tranquilidad, y sobre todo, con sentido común. Tal como hemos insistido en varias ocasiones, el momento de la comida tiene que ser un momento de felicidad.
Es lógico que al principio, cuando no tiene dientes, le demos al niño la comida en forma de purés, incluso cuando se está iniciando la dentición.

Pero cuando los dientes de leche se han completado, cosa que ocurre a partir de los 24-30 meses, se deben dar los alimentos enteros, en pequeños trozos, para que se lleve a cabo la masticación por parte del niño. Es importante que el niño aprenda a comer despacio, masticando correctamente, lo cual va a mejorar la digestión de los alimentos.

Por supuesto, hemos insistido de forma reiterada, en que los niños deben hacer sus 4 comidas diarias: desayuno, comida, merienda y cena, y que se debe evitar picar entre horas, especialmente tomando “chucherías”, que son calorías vacías, sin ningún valor nutritivo, muy ricas en azúcares refinados y en sal.

El desayuno es una comida fundamental en el niño y debe aportar al menos el 25% de la energía diaria. El desayuno ideal consiste en un vaso de leche de unos 250 cc, que puede ser entera o semidesnatada, junto con cereales y una pieza de fruta.

Tu pediatra te dirá en qué percentil de peso y talla se encuentra tu hijo al llevar a la gráfica tanto el peso como la altura relacionándolo con su edad.
Los niños suelen tomar poca fruta y lo hacen por no pelarla y/o quitarle las pepitas. En estos casos, preséntasela de la forma más cómoda y atractiva posible o recurre a hacerle una macedonia o un batido de frutas. Verás cómo mejora su aceptación.

¿Sabías que según el Proyecto Etapas…?

El desayuno de los niños se compone, a primera hora de la mañana en casa, de leche (92,4%), cereales (62,15%) y galletas (35%). Durante la mañana en el colegio comen, básicamente, pan (27,7%), galletas (21,5%), derivados lácteos (yogurt o queso) (18%) y embutidos (16,6%).

El agua es la bebida que mayoritariamente suele ingerir el niño/a de 1 a 7 años durante la comida y cena, pero destaca también el consumo de zumos industriales (no naturales) durante y entre las comidas en mayor medida a partir de los 3 años.

Los niños comen menos verduras a partir de los 3 años de edad y, además, es el alimento más rechazado por parte del niño/a, sobre todo las verduras crudas.

Se destaca que 3 de cada 4 niños de 2 a 7 años de edad suelen hacer la comida principal del mediodía o cena con la familia.

Entre los 3 y 7 años del orden de un 45% de niños consumen golosinas entre uno y dos días a la semana, aunque un 20% las consume más de 2 días a la semana.